Cómo empecé en la fotografía ecuestre
- Irene Gamboa

- 30 may 2025
- 4 Min. de lectura
Siempre me ha gustado hacer fotos, pero durante mucho tiempo fue solo eso: algo que me llamaba la atención, sin más pretensiones.
En 2017 me compré mi primera cámara réflex. No tenía un gran plan ni objetivos claros, simplemente quería aprender y probar. Poco después volví a la hípica y, casi sin pensarlo, aproveché para llevar la cámara a un concurso y hacer algunas fotos.
Ahí empezó todo.
Mis primeras fotos (y por qué no fueron “buenas”)
Aquel primer concurso lo fotografié con una Nikon D3300 y el objetivo de kit (18–55 f/3.5–5.6).Era un completo, justamente la prueba de cross, todo estaba lejos y la luz era complicada por los árboles.
El resultado no fue el mejor:
poco alcance
poca luz
mucho ruido
y muchas limitaciones técnicas
Pero aun así, me gustó muchísimo.
Y eso fue lo importante. No que las fotos fueran perfectas, sino que me di cuenta de que quería seguir haciéndolas.
La fotografía como forma de no desconectarme de la hípica
Al principio la fotografía fue algo intermitente. No fue hasta que tuve que dejar de montar a caballo por motivos económicos cuando empecé a ir más a concursos… cámara en mano.
No iba como fotógrafa “oficial”. Iba para ver a mis amigas, para seguir allí, para no desvincularme del mundo ecuestre.
Y, casi sin darme cuenta, la fotografía se convirtió en mi forma de seguir conectada a algo que era (y es) muy importante para mí.
El momento en el que pensé: “igual estoy haciendo algo bien”
El mismo año que volví a la hípica, aunque no me veía aún compitiendo, ocurrió algo que marcó un antes y un después.
En un campeonato de CCE (creo que el de Euskadi) surgió la oportunidad de hacer fotos en el Europeo de TREC. Yo llevaba ya más de un año tomándome la fotografía en serio, aprendiendo, practicando, fallando y mejorando.
Dije que sí.
Y ahí, por primera vez, tuve una certeza muy clara: mis fotos eran buenas.
No por ego, sino porque alguien confió en mí para algo importante. Y eso cambia mucho la percepción que tienes de tu propio trabajo.
El “parón” que no fue un parón: el TFG
Después vino una etapa distinta. Empecé el TFG y seguí haciendo fotos, pero prácticamente todo lo que hacía estaba enfocado a ese proyecto.
Mi TFG fue una web multimedia con contenido para personas que empiezan en la hípica:
fotos
vídeos de concursos
infografías educativas
Aunque parecía un paréntesis, en realidad fue justo lo contrario: me ayudó a no dejar de lado la fotografía ecuestre por los estudios y a retomarla después con más ganas y más sentido.
Además, fue ahí cuando me di cuenta de algo importante: no todo el mundo hacía fotos, y la gente empezaba a resubir las mías.
Speed Shoot no nació de cero (solo estuvo en pausa)
El proyecto de Speed Shoot ya existía antes del TFG. Simplemente se quedó en pausa mientras yo estaba centrada en terminarlo.
Cuando retomé el proyecto, no fue con la idea de “apostarlo todo”, sino de algo mucho más realista: seguir construyéndolo mientras estudio y trabajo, sin presión extrema, pero con constancia.
Lo que me motivaba (y me sigue motivando) no es tanto “vivir de esto”, sino:
ver mis fotos como foto de perfil
verlas resubidas
leer mensajes de agradecimiento
Eso, para mí, vale muchísimo.
Mi equipo: crecer poco a poco (y con cabeza)
Nunca empecé con el equipo “ideal”.
Cuando dejé la hípica, vendí cosas antiguas para poder comprar un Tamron 18–270 de segunda mano, porque necesitaba más alcance. Ese mismo año mi cámara falló, así que compré una Nikon D5300 de segunda mano para tener respaldo.
Todo lo que ganaba haciendo fotos lo invertía en fotografía.
Con el tiempo llegaron:
un Tamron 70–200 f/2.8
una Nikon D500
y más adelante un 24–70 f/2.8, porque no siempre el 70–200 era la mejor opción
Trabajar con dos cámaras y dos objetivos me permitió cubrir concursos completos sin perder momentos importantes.
A día de hoy:
mis cámaras principales siguen siendo APS-C
muchos objetivos son de segunda mano
y la única mirrorless que tengo es una Nikon Z fc, que no uso tanto en el día a día
Y aun así, sigo haciendo las fotos que quiero hacer.
Lo que he aprendido de no empezar con “el mejor equipo”
No empezar con el mejor equipo me dio algo muy importante: confianza.
Porque si con un equipo limitado podía sacar buenas fotos, con uno mejor sabía que podían ser aún mejores.
También me enseñó que:
el equipo ayuda, pero no hace las fotos
entender la luz, el momento y el encuadre es clave
no hace falta gastar un riñón para hacer buena fotografía
Por eso hoy insisto tanto en esto cuando hablo con gente que empieza.
Si estás empezando, quiero que sepas esto
Si estás empezando en fotografía (especialmente ecuestre) y sientes que no avanzas porque no tienes “buen equipo”, me gustaría decirte algo muy claro:
No te desanimes.
Se aprende muchísimo más con un equipo “malo” que con uno bueno.
No necesitas gastar un dineral para hacer buenas fotos.
Aprende a sacarle partido a lo que tienes. El equipo llegará cuando tenga que llegar.
Yo empecé así, y sigo aquí, disfrutando del proceso




.jpg)
Comentarios